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¿Faltan o sobran buses? El inesperado diagnóstico del transporte urbano

Desde: Quito

En varias zonas del Distrito Metropolitano de Quito no existen frecuencias suficientes de buses, especialmente en las periferias. La lectura común es que faltan unidades; sin embargo, la evidencia técnica indica lo contrario: Quito no tiene un déficit de buses, tiene un problema de distribución.

Una consultoría contratada en 2019 por la Secretaría de Movilidad —periodo en que ejercí como director metropolitano de Movilidad— determinó una sobreoferta de unidades cercana al 20% en la flota de buses urbanos de Quito, que hoy ronda las 3.100 unidades (es decir, existen 620 buses en exceso). Analizando el problema, no es la cantidad, sino el trazado, pues la mayoría de las rutas corre en sentido norte-sur, y muchas comparten gran parte del mismo recorrido por ese eje, dejando las zonas periféricas desatendidas.

Esta concentración longitudinal golpea directamente el Índice de Pasajeros por Kilómetro (IPK) de las cooperativas de transporte. Más buses compitiendo en el mismo corredor significa menos pasajeros por unidad, mientras la periferia queda sin cobertura. Estamos frente a una correlación directa entre sobreposición de rutas y caída de la rentabilidad operativa.

La salida no es ampliar la flota —eso profundizaría la sobreoferta—, sino una reestructuración de rutas liderada por el Municipio de Quito, para lograr que se redistribuyan unidades del eje saturado hacia la periferia.

El resultado esperado: mayor cobertura donde hoy no la hay y mejor IPK para las operadoras urbanas.

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