Renovar o reparar: las cuentas que todo transportista debe hacer
Reparaciones, combustible, días sin trabajar y financiamiento forman parte de una cuenta que todo transportista debe considerar antes de decidir si conservar su unidad o adquirir otra.
Un ruido en el motor, una falla en la caja o un problema recurrente pueden llevarlo a una pregunta inevitable ¿conviene seguir reparando este vehículo o será que ya llegó el momento de renovar?
La respuesta a la indecisión entre renovar o reparar no depende únicamente de la antigüedad. Un vehículo de diez, quince o más años puede continuar siendo rentable si permanece operativo, seguro y con costos controlados. En cambio, una unidad aparentemente funcional puede convertirse en una carga cuando las averías son frecuentes y cada ingreso al taller significa gastos y días sin producir.
No solo compare el precio de una reparación con el valor de una unidad nueva. Hay que considerar también gastos constantes y hasta diarios como combustible, mantenimiento preventivo, repuestos, neumáticos y, especialmente, el dinero que se deja de generar mientras el vehículo permanece parado por causa de daños en el taller.
Renovar por unidad nueva tiene un costo
Aunque una unidad nueva puede reducir ciertas reparaciones e incorporar tecnología, seguridad, eficiencia y garantía, se debe tomar en cuenta que también implica dinero para la entrada, cuotas, intereses, seguros, mantenimiento programado, matriculación, seguro, tramitologías y la inevitable depreciación.
¿Menos reparaciones significan menor costo total?
No existe una respuesta universal. Para el transportista, la unidad más conveniente no es la más nueva ni la más antigua, es aquella que le permite seguir trabajando y cuyos números hacen sostenible el negocio.



