¿Trabaja para perder? La trampa mental del transportista
En el competitivo mundo del transporte pesado en Ecuador, existe una frase que se ha convertido en un mantra peligroso: “se trabaja a pérdida”. Sin embargo, las unidades siguen rodando y las empresas continúan operando.
¿Cómo es posible que un negocio sobreviva si realmente pierde dinero en cada kilómetro recorrido? La respuesta no está solo en los números, sino también en la mente del transportista y en un concepto psicológico fundamental: la disonancia cognitiva.
La guerra interna llamada disonancia cognitiva
La disonancia cognitiva es un concepto desarrollado por el psicólogo León Festinger. Describe el profundo malestar mental que surge cuando una persona sostiene dos ideas, creencias o comportamientos que se contradicen entre sí.
Para el transportista ecuatoriano, esta tensión es diaria. Por un lado, sabe que los costos operativos (combustible, mantenimiento, llantas y repuestos) son altísimos; por otro, acepta fletes con tarifas que ni siquiera cubren el costo técnico real. Esta dualidad genera una angustia que el individuo busca resolver desesperadamente para mantener su coherencia interna y seguir al volante.
La trampa de la “caja chica”: la racionalización
Para aliviar ese malestar mental, el cerebro utiliza una salida de emergencia: la racionalización. El transportista justifica su permanencia en un mercado castigado mediante argumentos que parecen lógicos, pero que a menudo esconden una grave afectación a su patrimonio. Se convence de que necesita “liquidez inmediata” para cubrir la cuota del banco o garantizar el sustento diario, esperando que las condiciones mejoren mágicamente en el futuro.
En este escenario, la expresión “trabajar a pérdida” deja de ser un dato contable estricto y se convierte en una percepción según la cual la baja rentabilidad es aceptable. Es el autoengaño de preferir ver dinero entrar hoy, aunque se esté destruyendo la rentabilidad del mañana.
El miedo a decir “no” en un mercado ciego
La falta de una regulación efectiva por parte de entidades como la ANT y el MTOP ha normalizado el desequilibrio. Al no existir tarifas mínimas respetadas, el gremio ha ajustado sus expectativas a la baja, percibiendo como normal lo que en cualquier otra industria sería una quiebra técnica.
Desde la economía conductual, también influye el sesgo del costo hundido. Al haber invertido sumas enormes en activos de alto valor, como tractocamiones, el propietario siente la obligación de mover la unidad a cualquier precio para intentar recuperar parte de la inversión inicial. Esta presión competitiva, en un mercado fragmentado, genera un dilema colectivo: si usted no acepta el flete barato, otro lo hará.
El resultado es una “carrera hacia el fondo”, donde la racionalidad individual termina perjudicando la economía de todo el sector.
Del caos estructural a la precisión financiera
Este fenómeno no es solo un problema de actitud; es el reflejo de fallas estructurales. La ausencia de un método técnico y obligatorio para calcular los costos logísticos impide establecer referencias reales, dejando el camino libre a la distorsión de precios y al abuso por parte de los generadores de carga.
TARIGO: la aplicación que calcula fletes
En el Congreso de Transporte del 21 de marzo de 2026 se presentó oficialmente TARIGO. Esta solución tecnológica permite calcular los costos reales de operación mediante variables técnicas verificables en tiempo real.
TARIGO rompe con el ciclo de la disonancia cognitiva porque elimina la duda. Permite al transportista determinar con precisión si un viaje generará rentabilidad o si, efectivamente, está consumiendo su capital.
“Cuando el transporte pesado deje de negociar en la incertidumbre y empiece a operar con la verdad de sus propios costos, no solo mejorará su rentabilidad, sino que reconciliará su realidad con su discurso”.
Ing. Rubén Jiménez
098 482 0872



