El transporte urbano: una huella de identidad de las ciudades

20 de junio 2023 9:00 por:

Si queremos conocer una ciudad podemos hacerlo de infinitas formas: a través de la historia, la cultura o la gente; probar su gastronomía, visitar lugares turísticos, insertarse en su vida nocturna o ir a un evento deportivo. Estos son factores de identidad, reconocimiento y representación de una comunidad y experimentarlos dependerá del gusto, intereses y afinidades de los exploradores.

Formas de transportar a los pasajeros

El Ecuador está organizado política y administrativamente en 24 provincias divididas en 221 cantones con su capital. Las más grandes son Quito, Guayaquil, Cuenca, Santo Domingo y Machala.

Quito, Guayaquil y Cuenca tienen sistemas integrados de transporte público; es decir, un conjunto articulado y estructurado de diferentes medios de transporte de pasajeros que permite llegar a cualquier lugar de la ciudad. Tienen integración tarifaria y operativa, además de estar regidos por una misma autoridad.

Quito tiene el Sistema Metropolitano de Transporte conformado por los corredores del Trolebús, Ecovía, Occidental y el Metro de Quito. Guayaquil, la Metrovía y Cuenca, el Tranvía. Estos sistemas con sus corredores exclusivos y buses alimentadores ofrecen movilización rápida con un solo pasaje de bajo costo.

Un vínculo entre usuarios y más personas

El transporte público moviliza a cientos de miles de ciudadanos cada día. Trabajadores, estudiantes, comerciantes, empleados y desempleados toman alguna de las líneas. Si nos subimos a un autobús en hora pico de la mañana, es fácil ubicar al empleado que está tarde, a la jovencita que aprovecha el viaje para maquillarse o al cansado guardia de seguridad después de una jornada nocturna. Más temprano encontramos miles de estudiantes que van a sus colegios y en la tarde, a los trabajadores que lo único que quieren es llegar a casa.

Analizando un poco más, el transporte público no sólo moviliza, también es un espacio donde muchas personas se ganan unas monedas. Dependiendo de la ruta nos encontraremos con los vendedores de dulces, audífonos o lápices de colores. No falta el vendedor de productos naturales que afirma que su producto cura casi cualquier enfermedad o el que con la venta de galletas recauda fondos para una fundación dedicada a curar adicciones.

¿Quién no se ha topado con los músicos de cualquier género (hip hop, raperos, cristianos, folclóricos o baladas) que nos cantan sus canciones a cambio de una contribución voluntaria? También están los migrantes extranjeros recién llegados que solicitan “cualquier monedita” que les permita comer y pasar el día, o quienes con una receta médica emplasticada piden dinero para una intervención quirúrgica. Si tenemos suerte, nos cruzaremos con el predicador que anuncia el fin del mundo si no cambiamos nuestro comportamiento.

Como dice la canción de Piero: “Las cosas se cuentan solas, sólo hay que saber mirar”.  La realidad pasa frente a nosotros y no prestamos atención.

Subirse a un autobús no es sólo para llegar a un destino, es la posibilidad de interactuar con la gente de una ciudad.  

El transporte público nos facilita la vida porque es barato, cómodo, eficiente (dependiendo de la hora). Para utilizarlo se requiere ingenio y agilidad. Si viajamos despiertos, desde un autobús la ciudad se mira de otra manera.