Pionero

José Cristóbal Rocha Niza, el capitán de los caminos de Mulaló

Desde: Mulaló (Cotopaxi)

Es un verdadero honor darle voz a la historia de don José Cristóbal Rocha Niza. Su vida es un relato de esfuerzo que huele a pan recién horneado y a tierra mojada de los caminos de Mulaló.

En el corazón de la provincia de Cotopaxi, donde el viento cuenta historias de antaño, vive un hombre que ha hecho del volante su propia pluma para escribir la historia de su pueblo. A sus 74 años, don José Cristóbal Rocha Niza es mucho más que un conductor; es un testigo viviente de la transformación del transporte en Cotopaxi y el Ecuador.

El despertar de una vocación

Nacido en 1952 en la noble tierra de Mulaló, su romance con el camino empezó pronto. Su primer contacto con el trabajo fue sobre una bicicleta, repartiendo el pan de la panadería que su padre fundó cuando José tenía 13 años. Pronto, la prosperidad trajo una camioneta familiar para ir de compras a Latacunga. En esos tiempos, donde el transporte era casi inexistente, la familia aprovechaba para llevar pasajeros y “hacer alguna platita” extra. Fue allí, entre el traqueteo del camino y el servicio a los vecinos, donde nació su amor por el transporte.

Con apenas 16 años, obtuvo su licencia Sportman con la garantía de su padre. Eran tiempos de formación, de aprender a leer el temperamento del motor y la paciencia y vigor del camino. A los 19, ya como conductor profesional se convirtió en socio (casi fundador) de la Cooperativa San Francisco de Mulaló, en la época en que la flota era mixta: camiones, camionetas y apenas cuatro buses. Desde su primera furgoneta GMC, potentes Ford, Nissan hasta su actual Hino AK, ha conducido doce buses de distintas marcas, recorriendo el país e incluso cruzando fronteras hacia Perú y Colombia (Ipiales y Pasto).

Entre caminos de tierra y luchas sociales

Relata que, en la década de los setenta, viajar era una verdadera odisea. Los caminos eran de tierra donde el trayecto de Mulaló a Latacunga podía consumir medio día. Sin embargo, eso no lo detuvo. Recordar rutas como la de Santo Domingo o la vía Baños-Tena es recordar las quebradas profundas, el lodo, la lluvia y las piedras enormes que se deslizaban en caminos súper angostos.

Lea más en: Los pioneros del transporte

Tiempos de lucha

En la memoria de Mulaló quedó grabada la huelga de ocho días en la que unos 35 vehículos de la Coop. Mulaló rodearon el parque principal por ocho días. Gracias a la mediación del Padre Eduardo Mantilla lograron que su situación llegara a las páginas de El Comercio y a los oídos de toda la nación. Aquella unión comunitaria doblegó la voluntad del Gobernador y lograron un aumento en los pasajes, que en ese entonces rondaban apenas los 20 centavos de sucre.

Anécdotas del camino: sin ropa en Quevedo

Como todo buen caminante, don José tiene historias que hoy cuenta con una sonrisa, aunque en su momento fueron un apuro. Un día, de regreso de Huaquillas con su bus Nissan, decidió refrescarse en un río de Quevedo. Al salir del agua, la sorpresa fue amarga: le habían robado su maleta con la ropa y las llaves del bus. Sin más remedio, tuvo que pedir prestado el pantalón del controlador y encender el motor uniendo los cables directamente para poder volver a casa.

El cambio de los tiempos y el legado familiar

La geografía del trabajo también cambió. Durante 20 años, la ruta hacia Quito fue el mayor sustento de los socios. “Teníamos frecuencias a Quito, los viernes y sábados les traímos acá y los domingos y lunes dejábamos a quienes trabajaban en la capital. Parábamos por El Recreo y luego en El Cumanda. En esa ruta trabajamos como 20 años, pero con la llegada de las plantaciones a Cotopaxi, los pasajeros encontraron trabajo en su propia tierra y los viajes a la capital finalizaron”. Actualmente, don José se mantiene activo en rutas intracantonales, conduciendo él mismo su Hino AK. Sigue prefiriendo conducir su propio bus antes que delegarlo, pues valora la honestidad y el cuidado que solo un dueño sabe dar.

Su hogar, formado junto a Flor Calvopiña, ha sido su puerto seguro. Sus hijos Javier y Édison seguieron sus pasos en el transporte, manteniendo viva la llama de un oficio que le ha dado todo lo que posee. Cada mañana, a las 4:30 a.m., se levanta, pide la bendición a Dios, revisa el buen estado del bus y sale a la ruta con el mismo orgullo con el que empezó hace más de medio siglo.

Sabiduría al volante y manejo del negocio

Para don José, el transporte es un arte que requiere administración y templanza. Su consejo de oro para un buen manejo del negocio es la previsión:

  • Ahorro estratégico: Recomienda comprar con anticipación llantas, aceites, grasas y repuestos. De este modo, cuando llega el mantenimiento, el dueño solo debe preocuparse por pagar la mano de obra.
  • Gestión inteligente: Para administrar bien, hay que saber negociar los fletes, renovar las unidades y mantener el hábito del ahorro.

Para los nuevos transportistas y conductores.

Don José ampliamente recomienda la prudencia. Insiste en que deben estar con los cinco sentidos alerta, especialmente al rebasar en el tráfico actual. Su mensaje es claro: trabajar con cariño, ser amables con los niños y ancianos, y alejarse del alcohol, pues el licor es lo que más dolor y pérdidas produce en esta noble profesión.

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