El exceso de confianza Vs. La falta de experiencia

Camiones en la vía

05 de enero 2026 12:06 por:

Allí, donde la experiencia se vuelve humilde y la juventud se vuelve responsable, nace el verdadero conductor profesional que el Ecuador necesita y que entiende este mensaje claro: La seguridad vial no es un accidente, es una construcción colectiva.

En las carreteras de nuestro Ecuador, el rugido de los camiones es la banda sonora de nuestra economía. Junto con el motor también viajan dos riesgos silenciosos: El EXCESO DE CONFIANZA de algunos conductores viejos, y LA FALTA DE EXPERIENCIA de muchos conductores nuevos.

El exceso de confianza

En el transporte pesado, el conductor veterano es visto como “el amo del camino”. Años de rutas nocturnas, descensos peligrosos y fuertes condiciones climáticas, le han dado un sexto sentido para leer la vía. Sin embargo, esa misma experiencia a veces se transforma en exceso de confianza. El conductor viejo que “se las sabe todas” puede caer en atajos de seguridad y conducir con fatiga porque siempre lo ha hecho, confiar en su instinto más que en el tacógrafo o exceder la velocidad en bajada porque “conoce cada curva”.

Quien padece este exceso cree, de forma poco realista, que es mejor conductor de lo que realmente es. Esto genera una brecha peligrosa entre la percepción subjetiva y la realidad objetiva de seguridad, lo cual le conduce a decisiones erróneas con resultados fatales.

La falta de experiencia

En el extremo opuesto el conductor nuevo llega al volante con licencia reciente, formado en escuelas “modernas” autorizadas por la ANT; pero, posee escasa experiencia en manejo y carretera. El novato podría manejar con cautela, pero a veces no sabe cómo reaccionar ante una frenada brusca, un descenso prolongado o una maniobra inesperada de otro vehículo.

Esa inseguridad puede conducirlo a errores como: abusar del freno, invadir carril, calcular mal el espacio de frenado o la distancia al adelantar, desconocer los efectos del sobrepeso, falta de conocimiento en la sujeción de cargas, e incluso, el arte de hacer nudos y sus aplicaciones.

La Agencia Nacional de Tránsito (ANT)

La Ley Orgánica de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial establece que la ANT es la entidad encargada de regular, controlar y orientar la formación y capacitación de conductores profesionales y no profesionales. Debe autorizar y supervisar las escuelas de conducción, diseñar y validar mallas curriculares e impulsar programas permanentes de capacitación y actualización en seguridad vial. La ANT debe fortalecer la formación, exigir estándares rigurosos y apoyarse en la educación continua para generar una cultura de prevención en cada cabina de camión y de bus.

Se impone colaboración intergeneracional

La capacitación, sin embargo, no debe limitarse únicamente al momento de obtener la licencia. El conductor viejo necesita “reaprender” la ruta desde la mirada de la seguridad moderna: nuevas normas y tecnologías, nuevos riesgos. El conductor novato requiere acompañamiento, mentoría, práctica supervisada y espacios para consolidar su criterio profesional. La ANT debe unir ambas orillas generacionales para que los viejos transmitan su experiencia y que los jóvenes traigan consigo el respeto estricto a las normas y el uso responsable de la tecnología. Porque al final, la carretera no distingue entre canas y primeros días de trabajo.

El asfalto no da segundas oportunidades

Solo reconoce decisiones oportunas como: bajar la velocidad, frenar a tiempo, respetar señales de tránsito, ceder el paso, detenerse cuando el cuerpo pide descanso. El exceso de confianza y la falta de experiencia son dos caras de la misma moneda llamada desconexión con el riesgo real.

La tarea ineludible y urgente es convertir esa moneda en una sola cultura: La de la prudencia, el profesionalismo y el respeto absoluto por la vida.

El reto a construir es que cada camión y bus mantengan un único compromiso:
“LLEGAR SIEMPRE, PERO LLEGAR SEGUROS”.